Imagen: Jack The Ripper (2015) de Rodrigo Suárez.


 

Acerca de Rodrigo Suárez

(Ciudad de México, 1979) Estudió Artes Visuales en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM (2000 - 2004). En el 2004 recibió el premio del Rector de la Universidad María Sklodowska Curie, en la ciudad de Lublin en la VII Trienal Internacional de Arte, Majdanek 2004 en Polonia y el Premio Nacional de la Juventud 2003 en el Área de Actividades Artísticas, en la Cd. de México. De 2009 - 2010 fue becario del programa de Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA). Su trabajo ha sido presentado en Bolivia, México, España, Polonia, Suiza, Holanda, entre otros países, en distintas exposiciones colectivas como en la Feria internacional de Arte Vigo, España 2009 y 2010; en la Feria de Arte ContemporáneoARCO 2009, Madrid, España; Zona MACO: México Arte Contemporáneo con galería Caja Blanca, 2011; la IV Bienal de Artes Visuales de Yucatán 2009; el XXVI encuentro nacional de Arte Joven 2006, Aguascalientes; SIART (Salón Internacional de Arte 2001), Museo Nacional de Arte, La paz, Bolivia, entre otras. Ha presentado diversas exposiciones individuales como PUNTO mudo en AM gallery, España, 2008.

Acerca de su Residencia: Sin título.

A través de la vinculación con Proyecto Showroom en su segunda exhibición LINE y con el apoyo de Espacio así —en la documentación y registro— es que el artista Rodrigo Suárez se integra a la primera edición del Programa de Residencias de Fundación-Colección EPPCI A.C., durante el mes de septiembre de 2015 previo a las fechas celebratorias del país (México) con motivo de la conmemoración de su independencia.

Entre las diversas acciones llevadas a cabo están: sesiones de diálogo con los miembros del equipo y autores invitados, scouting y reconocimiento del contexto local, producción plástica, montaje, etc., mismas que conlcluyeron con la documentación de una acción-intervención que consistió en insertar pequeñas banderas negras en un puesto ambulante en las calles del Centro Histórico de la ciudad; con lo que el autor reflexiona acerca del valor semiótico de la bandera nacional mexicana a lo largo de su historia y, además, cuestiona la mercantilización del símbolo patrio (ya sea éste intervenido o importado de China) en las llamadas ventas de temporada.

A continuación algunas imágenes y el texto argumentativo desde la voz del autor.

Registro fotográfico:

Primera linea: Evento de recepción en Espacio así.
Segunda linea: Registro de la producción de Rodrigo Suárez en Proyecto Showroom.
Tercera y cuarta linea: Registro de la acción-intervención del autor.

Acciones paralelas:

Imágenes de la Intervención-producción de banderas negras por voluntarios de La Expendeduría,
a quienes agradecemos su colaboración y cuyos nombres no aparecen por petición de los mismos.

Importante: La acción del autor se reduce a la inserción de estas banderas negras en el puesto comercial ambulante, misma acción que se hace constar en las imágenes de registro.

Sin título,
por Rodrigo Suárez

Existen diversas vertientes al hablar sobre la bandera negra mexicana. Sin embargo, estos múltiples significados convergen en un solo acto. A partir de la aceptación sobre este símbolo patrio que se ha modificado, se está manifestando que “algo” ha oscurecido sus colores. Ese "algo" es un grito, es una marca oscura que difícilmente será borrada en la historia de nuestro país. La bandera mexicana ha mutado desde su primer constitución, desde su primer idea y su primer forma. Ha cambiado su significado a lo largo de la historia, proyectando las ideologías de cada gobierno, construyendo mitos, héroes, reformas y leyes, las cuales se han abanderado bajo múltiples significados.

Hoy, el negro de la bandera —bajo este contexto— no es precisamente el habla de una desacreditación o un atentado en contra de la bandera nacional, es un desacuerdo ante la representación del Estado, ante la violencia y la crisis, ante un desequilibrio nacional en el cual nos vemos inundados y ahogados. Esta mutación tonal que ha surgido como voz de inconformidad de nuestra sociedad tuvo, quizás, su primer aparición durante el gobierno calderonista. No he encontrado registro fiel de esta aparición en sociedad de la bandera negra. Al parecer, es la primer bandera mexicana que surge desde el mismo pueblo y no, impuesta por algún líder o gobierno.

En un viaje a Praga, la actual República Checa, en el año del 2004, ví en una exposición, una pieza de Wilfredo Prieto llamada Apolítico, constaba de 31 banderas de diferentes países presentadas en escala de grises. Me interesó mucho, no únicamente por el discurso de esta pieza, sino por su elocuencia estética, además de que el significado de cada nación se veía apartado de sí mismo, enmarcándolos en un sentido confuso, no sé si de luto o bien, de una unidad mundial ante algo concreto, como una especie de utopía: Conjuntar a varios países para dialogar y narrar una postura común y resignificar la imagen de sus gobiernos. Por una parte unifica a cada nación y, por otro lado, entierra a cada país en un estado de conmoción universal. Quizás, sin saberlo era un prólogo, o bien una crisis de ansiedad sobre el futuro que actualmente estamos viviendo. 

A más de una década de haber visto esta pieza, en México hemos recurrido a modificar los colores patrios y es que, el significado que se le otorgó a la bandera nacional después del ejército trigarante, ha dejado bastantes vacíos y dolencias a nuestra nación, pues ni esperanza nos ha dado nuestro actual gobierno, ni el pasado gobierno, ni el pasado del pasado. Ni soberanía, ni paz, ni justicia; la sangre de nuestros míticos héroes se ha tornado en un derrame común y cotidiano para cualquier persona de nuestra nación. La muerte de estudiantes, periodistas, maestros y sin fin de personas que han sido violentadas y desaparecidas entre los choques del narco y el gobierno, entre los gobernantes y el pueblo, entre las crisis económicas y ambientales; entre las represiones y repeticiones sobre la impunidad y el mal gobierno, brillan por su oscuridad, brillan por esa mancha negra imputada al gobierno que desde 1968 repite la misma fórmula, el terror, la fuerza bélica, la opresión del que porta un arma y golpea en nombre de la justicia.

La fecha más próxima a su última institucionalización como imagen nacional o alteración legal, data de septiembre de 1968, donde se modificó su diseño del escudo, curiosamente antes de la matanza del 2 de Octubre. 

Hoy en día, no veo diferencia alguna de esta situación, vista a partir de un televisor de los sesentas en blanco y negro. La bandera negra que para muchos significa la muerte o el luto de una nación, para otros es anarquía, es silencio, es olvido, recuerdo de ese olvido, protesta y grito. El verde de la esperanza, el rojo de la sangre emana tristeza y luto. A pesar de que la delicadeza y elegancia que nos propicia la imagen negra de la bandera, ya que nos remite también a un funeral de gala, es un grito, un grito de ¡Ya basta! Un grito de inconformidad, ¡Nos están matando! Considero que es la manera más fina, sutil y elegante para hablar de la sangre derramada, de la muerte, de las desapariciones, de los que no están y de las ilusiones de esperanza que están y siguen sin llegar.

 

La bandera mexicana tiene su propia historia. En estos nuestros días se ha usado en sus tonos más oscuros para hablar; para hablar de los que no están a través de los que estamos.

He trabajado con imágenes de soldados, repensando lo que el poder y el armamento nacional significa, así, tratando de resignificar esa imagen bélica, ese poder. En ese momento, encontré el enlace directo al ’68, a la gráfica popular y a los dibujos de tanques, changos, rifles, cascos y soldados. La gráfica en gran medida, remite al B/N. El negro no sólo es ausencia, es un cúmulo de preceptos e ideas, de vacíos y vicios, de mitos y ficciones, de enfermedades y lamentos, excesos y mal gobierno, de pobres y ricos. De reformas.

Estados Unidos de Norteamérica usa su propia bandera en tonos negros y otros tonos que no corresponden al original, en los uniformes de comandos de asalto de su ejército, acordando a los elementos tácticos en torno a su camuflaje con respecto al contexto donde operen.

La bandera negra llegó a mis manos, en una de las tantas marchas, justo en aquella marcha donde le prendieron fuego a la puerta del Palacio Nacional. Aquella noche la encontré, tirada, olvidada en medio de la contingencia, en medio del caos y de las estampidas de gente ante los despliegues de los granaderos. La gente corría confundida en dirección contraria a aquellos policías al servicio del Estado. Recogí la bandera conmovido por su fuerza y su grito, que aún estando ahí tirada, no dejaban de brillar sus tonos oscuros. Semanas después la llevé conmigo a la cima del Iztaccíhuatl, posteriormente la coloqué en mi piolet en la cima del Pico de Orizaba a 5670 m.s.n.m. donde pronuncié el poema “Desaparecidos” de Mario Benedetti mientras la bandera ondeaba. Poco tiempo antes de fallecer mi padre, le mostré las fotografías de las ascensiones que había realizado, poniendo en alto esta bandera. Mi padre gritó entre su dolor ante el cáncer y su estado alterado con morfina, ¡Viva México!, ¡Viva México!, ¡Viva México! En este momento, enlacé y comprendí que el movimiento del ’68 y la matanza del 2 de Octubre, así como Ayotzinapa y la época que estamos viviendo, jamás sería olvidado, inclusive ante la muerte y el olvido. Será recordada esta época en el nombre del luto, de las manifestaciones de nuestro México dolido y corrupto, asesinado y desaparecido porque el pueblo y mucha gente se ha apropiado de un símbolo que lo hizo suyo. Un símbolo que surgió dentro de la sociedad.

Sigo presentando la bandera negra, en diferentes intervenciones a espacios. En San Miguel de Allende, durante las pasadas fechas patrias y como resultado de mi participación en el Programa de Residencias de Fundación-Colección EPPCI A.C. a través de Proyecto Showroom, intervine un puesto comercial que vendía banderas y objetos para celebrar las festividades patrias del mes de Septiembre, mediante pequeñas banderas negras, así exponiendo el carácter mercantil de la venta de la imagen de la nación como ventas de temporada, reflexionando sobre el significado de la compra de banderas negras o bien de banderas chinas mexicanas, donde la frase de La Revolución vende, saltó a la vista durante esta acción-intervención, ya que más allá del símbolo patrio o de lucha, existe un contexto de festividades en el cual se enmarcaba toda acción y que el pueblo o la gente emborrachada bajo cualquier festividad, podría adquirir cualquier símbolo.


Fuentes:

http://www.almomento.mx/un-breve-recorrido-por-la-cambiante-historia-de-la-bandera-mexicana/

http://www.el-mexicano.com.mx/informacion/noticias/1/3/estatal/2014/02/13/731309/jovenes-izaron-la-bandera-mexicana-pintada-de-negro

http://publicdelivery.org/wilfredo-prieto-apolitico/

https://www.facebook.com/Desinformemonos

Antecedente (otras acciones):

Imágenes (Arriba, izquierda) Colocación de bandera negra en el Iztaccíhuatl. (Arriba, derecha/Abajo, derecha) Colocación de banderas negras en la cimas de México. Pronunciando el poema Desaparecidos de Mario Benedetti desde la cumbre más alta de México: El Volcán Pico de Orizaba. 

(Abajo, izquierda) La bandera negra en un montículo de arena en la calle es una analogía a mis ascenciones a las cimas de México. Son pequeñas cimas en cada esquina de la ciudad: cada hueco, cada grieta.

Otras referencias del autor: